La pérdida auditiva no aísla: el estigma es el verdadero problema

Durante mucho tiempo, oír mal se ha asociado erróneamente con envejecer, con la dependencia o incluso con una discapacidad visible. Estas creencias siguen muy presentes en nuestra sociedad y generan un estigma que afecta directamente a la forma en que muchas personas afrontan su salud auditiva.

Como consecuencia, es habitual que quienes tienen pérdida auditiva:

  • Retrasen el diagnóstico.
  • Eviten el uso de audífonos.
  • Oculten sus dificultades para oír.

El coste de “compensar” en silencio

En muchos casos, las personas intentan adaptarse potenciando otras habilidades de comunicación, como la lectura labial. Aunque esta estrategia puede ayudar en el día a día, no está exenta de consecuencias.

El esfuerzo constante por compensar la pérdida auditiva provoca cansancio, frustración y, con el tiempo, una desconexión progresiva del entorno. Seguir conversaciones en ambientes ruidosos o con varias personas hablando a la vez se vuelve especialmente complicado, lo que lleva a muchas personas a retraerse socialmente o a evitar determinadas situaciones.

Evitar soluciones empeora las consecuencias

No utilizar audífonos cuando están indicados puede agravar los efectos de la pérdida auditiva a corto, medio o largo plazo. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran:

  • Mayor riesgo de deterioro cognitivo.
  • Problemas emocionales.
  • Ansiedad y depresión.

El estigma sigue siendo, a día de hoy, una de las principales barreras para acceder a soluciones eficaces que mejoran la calidad de vida.

Normalizar la audición, como hacemos con la visión

Es importante cambiar la mirada: del mismo modo que hemos normalizado el uso de gafas para los problemas visuales, deberíamos percibir los audífonos como lo que son: una ayuda que favorece la autonomía, la participación social y el bienestar personal.

Buscar ayuda no es motivo de vergüenza. Al contrario, es un acto de cuidado y responsabilidad con uno mismo.

La pérdida auditiva no se debe vivir en silencio.
Callar por miedo al estigma es lo que realmente nos aísla.

Cristina Sáez

Audióloga en el Centro de Especialidades Audiológicas